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martes, 20 de enero de 2015

Micro relato la Inocencia

Supongo que fue así como pasó. Un día de un día cualquiera lo necesitó. Bajó, cruzo la calle que separaba el bien del mal y pecó, le gusto tanto ¡¡oh si¡¡ Ese pecado le gustó.
 Y al señor pecado le gustaba ella, amaba sus dulces labios, sus  imponentes curvas, su gelatinoso himen y su forma de amarle llena de arrebatada pasión y furia interior.
 Ella le dijo:
.-¡¡Prométeme que me llevaras siempre al infierno!!-.
 .- ¿Qué?-. Contestó él.
  .-¡¡Qué me prometas que me llevaras siempre al infierno!!
.- Te lo prometo-. Dijo.
Pero un día el señor pecado conoció a inocencia, tan dulce, tan tierna, con labios de fresa y tez blanca llena de pequitas, su pelito recogidito en una trencita color miel, sus bajados ojos tímidos a cada pregunta, que hasta incluso ella, sentada en el regazo del señor pecado le dijo a inocencia:
.- Si te quedas mucho aquí con esa carita, criatura te tendremos que buscar pronto un buen mozo que pronto te haga la corte y te haga suya-.
  Los días fueron pasando e inocencia fue creciendo y poniéndose cada vez más bella.  Señora  pecado la contemplaba como su venerada hija que nunca tuvo.
Pecado a veces en su soledad acariciaba su vientre triste y vacio pero nada podía hacer salvo soñar que un día, no muy lejano, el señor pecado le daría un hijo. Pero un día la señora pecado quiso pecar con el señor pecado con mucha intensidad a lo que este se negó con rotundidad alegando que había congreso en las cortes y muchos querían pecar. Ella le dijo:
.-Ves y tráeme sus pecados-.
Al irse él  un aire comenzó a filtrase por las paredes  de la casa era frío y tenebroso así  que volvió a sentir la necesidad de cruzar la calle y la cruzó, cruzó la distancia que separaba el bien del mal y sintió que algo la dejaba calle abajo, era algo escalofriante y entonces ocurrió.  Por  sus venas comenzó a salir gotas y más gotas de sangre y un sudor frio comenzó a evadir su frente.
Al descubrir sus sentimientos pronto supo que algo malo pasaba y corrió hacia a la casa, subió las escaleras de dos en dos, fue corriendo al armario de dulce inocencia y no había nada. Todas las ropas y objetos de valor habían desaparecido al igual que su inocencia, pecado se la había llevado con él.

 Autora: Jade. Bueno