Hemos hecho el amor dos veces hoy, y creo que me tiene envidia, ya que yo soy una persona que siente desde el primer roce, desde la primera caricia, desde el primer mordisco voraz y dado con hambre a mis pezones sonrojados.
Me dice basta, pero no es suficiente, no tengo bastante, ni hoy ni nunca lo tendré. Ahora él marca nuestros ritmos; a él le gusta tenerme, decirme que soy suya y oírme decir que él es mío. No sé cómo acabará lo nuestro, yo soy poco dada a llevar un ritmo.
Dice que no está enamorado de mí, pero que me quiere; creo que lleva razón, sería de tontos albergar a nuestra edad un amor de juventud. Aunque yo me siento con ganas de que nos provoquemos el uno al otro, de escribirnos cartas o mensajes tontos, provocadores y atrevidos. El mundo no puede ser tan serio. ¡En serio, tú a mí me amas!
Siento su respiración agitada al lado de la mía, su intenso olor a macho. Él no lo sabe y es mejor así: me tumbo a su lado y un montón de feromonas quedan libres, libertad para ellas y para mí. Él no lo sabe, pero por las noches, cuando duerme, le engaño con su aroma y su piel... yo soy tu cuerpo, Jade.
Acaricio la penumbra de su espalda sin tocarle la piel, trazando solo con el aliento la ruta de sus grietas. Él duerme creyendo que sostiene las riendas del juego, pero en esta oscuridad soy yo quien dicta la sentencia de la carne.
Dice que no es amor, que la madurez nos exige la calma del sabio. ¡Qué mentira tan sobria, qué refugio tan cobarde! Si supiera cómo arde este lecho cuando sus ojos se cierran, cómo le consumo en el silencio mientras su mano dormida, por instinto, busca mi cintura.
Mañana volverá a decir «basta», volverá a imponer el compás de sus pasos medidos, y yo volveré a desobedecer sin pronunciar palabra. Porque hay amantes que se encuentran en el centro del pecho, y otros, como nosotros, que nos devoramos en los márgenes de lo permitido.
Que el mundo siga arrugando el ceño, que la edad reclame su cordura inventada. Yo me quedo aquí, ebria de su piel y de mi propia sombra, escribiendo en la tibia geometría de su cuello que este incendio no necesita nombre para seguir ardiendo.
Poemas de Jade Bueno
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Gracias por tus comentarios un abrazo muy grande Jade Bueno Morales